sábado, julio 22, 2006

Rápido

Rápido, rápido, !Rápido!, tengo que llegar adonde sea que tengo que llegar, ningún lugar es muy diferente del otro, la ciudad son grandes edificios, los grades edificios son cuartos de las mismas medidas, entre los edificios hay calles, en las calles hay autos, en los autos hay sombras, todo es lo mismo, vivo en un panal de abejas tan expuestas pero al mismo tiempo tan encerradas, si lo piensan, si un día un oso gigante viniera a querer beber la miel del trabajo diario probablemente huiría al ver que es lo que se construye en esta ciudad. A las abejas se les espanta con humo, o eso dijeron una vez los bomberos cuando los llame, y efectivamente escapan, pero nosotras abejas somos diferentes, producimos humo para ahuyentar a quien quiera ahuyentarnos, es un efectivo método, pero se nos olvida que el humo nos hace daño.
Subo por fin las escaleras masificadas, camino por el pasillo plano y vulnerable al cambio, entro por la puerta igual a las demás, y entro en mi refugio, mi zona de confort.
Hago todo, rápido, rápido, rápido, y todo queda limpio, limpio, limpio, nada orgánico todo citadino, nada de naturaleza, pues toda esta muerta. Me acuesto y miro la televisión, anuncios de 30 segundos bloques de programa de 10 minutos, flashes informativos de 2 minutitos, todo es rápido, pues las abejas deben de ser eficientes.
Me recuesto en mi cama y mientras miro la molesta mancha en el techo, abro mis ojos y veo el cielo azul, el sol amarillo, el césped verde, las flores blancas, las flores rojas, las flores violeta, las flores amarillas, los troncos café, y las copas verde oscuro, las nubes blancas y esponjosas, las mariposas vivas y revoloteantes llevando el color adonde quiera que vayan, abro los ojos y escucho a las ovejas que me llaman debo de seguir pastoreando.

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